Lo saludable de tu piel
A los 20, a los 30, 50, 70... El cuidado de la piel no entiende de edades ni de excusas. Tan sólo requiere tres pasos: limpiar, hidratar y proteger. Un sencillo ritual para el que bastan unos 10 minutos de tu tiempo al día.
Limpiar, hidratar y proteger
Se trata del órgano más extenso del cuerpo y, sin embargo, es el más descuidado. De hecho, según una encuesta realizada por una conocida marca de cosméticos, el 69% de la población no hidrata adecuadamente su piel y el 71% no utiliza habitualmente un protector solar.
Mostrándose tanto y cuidando tan poco
La piel nos protege de los agentes externos (bacterias y sustancias químicas), contiene los receptores de las sensaciones, regula la temperatura corporal, excreta mediante el sudor y sintetiza la melanina (que determina el color de la piel humana) y la vitamina D, primordial para regular el paso del calcio a los huesos. A pesar de sus importantes funciones, la constancia en el cuidado diario de la piel constituye una de las asignaturas pendientes para llevar un estilo de vida saludable.
Se renueva cada mes.
¿Sabías que cada persona produce unos 100 kilos de células de epidermis a lo largo de su vida? La piel se renueva aproximadamente cada mes y este proceso requiere un aporte equilibrado de nutrientes, por lo que la dieta se convierte en uno de los aspectos clave para mantener y lucir una piel sana y bonita. El agua, las vitaminas A, B, C y E y los minerales como el selenio, el cinc y el hierro resultan básicos en la alimentación.
No culpar a la genética
Mantener la piel en perfecto estado no sólo depende del factor genético sino, en gran parte, del cuidado diario y de la alimentación. Pero, además, resulta conveniente evitar, por ejemplo, la exposición solar sin crema protectora, el aire acondicionado, el tabaco, la contaminación ambiental o un estilo de vida inadecuado, como el sedentarismo o el estrés emocional.
Para entender el funcionamiento de la piel, lo primero que necesitamos saber es que forma parte de un sistema llamado tegumentario, compuesto, además, por las fanereos o anexos, es decir, pelos, uñas, glándulas sudoríparas y sebáceas. Esta parte del sistema tegumentario también requiere un cuidado especial para prevenir o tratar, dependiendo del caso, dolencias habituales como uñas enquistadas o síntomas frecuentes como la calvicie.
Atender la piel a diario no sólo es cuestión de belleza, también de salud.
Conoce con más detalle tu piel
Pocas semanas después de la fecundación, las células comienzan a multiplicarse para formar distintos tejidos que se distribuyen en tres estratos llamados 'hojas embrionarias'. A partir de dichas hojas se desarrollan los órganos internos, los músculos, el esqueleto, el sistema nervioso, las mucosas y la piel. Sin embargo, aunque esta última comienza a formarse en la etapa embrionaria, su desarrollo no termina hasta el momento del nacimiento.
Razones para cuidarla
Aunque no se piense en la piel como un órgano más del cuerpo, al igual que el corazón, el cerebro y el estómago, necesita cuidados específicos. Además, tratándose del más extenso del cuerpo (en un adulto mide casi dos metros cuadrados) y siendo el que nos protege de los agentes externos, es importante aprender a cuidarlo y hacerlo a diario.
A la vez que cuidamos este gran órgano, potenciamos las funciones de las que se encarga. Es decir, estamos facilitando que la piel nos proteja del medioambiente, nos ayude a la regulación de la temperatura corporal y al balance de líquidos y de electrolitos y nos proporcione los receptores para experimentar sensaciones a través del tacto. Así, por ejemplo, somos capaces de sentir dolor o la presión sobre la dermis.
Lo habitual es que con la edad se perciban cambios en la piel. Resultan tan comunes que a menudo es difícil diferenciarlos de aquellos que se deben a alguna enfermedad, como la diabetes, los problemas hepáticos, las afecciones cardiacas, la aterosclerosis...
El estrés, las reacciones a los medicamentos, la obesidad y las deficiencias nutricionales también contribuyen al envejecimiento más temprano de la piel. Incluso la luz solar tiene su pequeña aportación en este tipo de cambios. A veces, ésta origina elastosis (pérdida de la elasticidad de la dermis), queratoacantomas (crecimientos de piel no cancerosos) y el engrosamiento de la piel, condiciones ligadas al envejecimiento.
Fuente: Tratado dermatologia
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Dra Patricia cerda.
Miembro Sociedad Iberoamericano de Dermatología
Director y editora Masalud