Cuidados piel en el recién nacido
El bebé nace cubierto de vérnix caseosa, una sustancia formada por glándulas sebáceas fetales y células epidérmicas descamadas. No sólo facilita el paso a través del canal del parto sino que además protege la piel de las bacterias, las rozaduras y la deshidratación en el útero. Se trata de un material que se secreta aproximadamente en la semana 20 de gestación; su producción va disminuyendo hacia el final del embarazo. A partir de entonces, es necesario tener muy presentes los cuidados que la piel de un bebé requiere.
Hay quienes apuestan por bañar al bebé todos los días, dos veces por semana, cada dos días, no bañarle hasta que caiga el cordón umbilical... La controversia en torno a este tema está servida. El objetivo es mantener su capa protectora intacta y no se daña su delicada piel.
Para ello, debemos elegir jabones muy suaves de pH neutro. La higiene adecuada resulta imprescindible para mantener la salud cutánea del bebé. Por ejemplo, la temperatura del baño debe ser de 37-38 grados por tres razones: para evitar que el pequeño sienta un cambio brusco de temperatura, el llanto . Nunca dejarlo solo.
Elegir siempre una esponja suave es el mejor favor que se le puede hacer a la piel de un bebé. Cuando se ha acabado el baño (unos cinco minutos), envuelve a tu bebé en una toalla tibia suave.
Lo que nunca se debe descuidar es la hidratación de los recién nacidos. Existen cremas y geles indicados para las distintas necesidades de hidratación del bebé. Pero, cuidado, los pediatras advierten de que el exceso de atenciones de la piel del niño tiende a eliminar la grasa natural que funciona de protector, lo que puede provocar grietas y posibles infecciones. En la moderación está la virtud.
Por la rapidez que tienen las uñas en crecer, se recomienda cortarlas semanalmente con una tijerita recta, no afilada.
Hay que protegerles de la radiación ultravioleta incluso durante los días nublados. Buscar una buena sombra, vestirles adecuadamente y aplicarles un protector solar apropiado solo después de los seis meses resultan claves en la protección solar del bebé.
'Como la piel de una bebé'... Así es como solemos definir una dermis suave y aterciopelada. Pero la de los más pequeños, además, se caracteriza por su delicadeza y fragilidad. Los rayos solares, un jabón irritante o el simple contacto con el pañal pueden causar enrojecimiento, picazon, irritación y sequedad.
Desde los primeros segundos de vida, la función de la piel consiste en actuar de barrera ante las agresiones externas (bacterias y sustancias químicas, contaminación ambiental...), aunque en los niños prematuros (nacidos antes de la semana 37), el cometido de la epidermis es deficiente, especialmente en los que nacieron antes de la semana 34. Sin embargo, en tan sólo 15 ó 21 días, el niño prematuro adquiere la función protectora normal de su piel.
Durante la primera infancia, es decir, hasta los dos años y medio de edad, el pH de la piel es mayor que el de los adultos, por lo que su resistencia hacia los agentes infecciosos virales, bacterianos, parasitarios y micóticos disminuye. Por esta razón, existe un alto riesgo de toxicidad con el uso de algunos productos como las cremas, las pomadas y los polvos de talco, entre otros.
Afecciones frecuentes
Teniendo en cuenta las particularidades de la piel durante la primera infancia, los trastornos más frecuentes en los bebés son los eritemas (como la dermatitis del pañal), los eccemas y la sudamina, una erupción que se produce por el exceso de calor.
Eritemas
La dermatitis del pañal. Con el contacto de la piel con la orina y las heces, existe el riesgo de padecer una dermatitis del pañal, fácilmente identificable por el enrojecimiento de la zona. Para evitar esta alteración, basta con cambiar el pañal con frecuencia (se recomiendan hasta 12 cambios al día y se aconsejan pañales súper absorbentes) y ser constante con la hidratación de la piel del bebé.
Además, es aconsejable retirar los residuos de orina con agua y eliminar la materia fecal con un líquido específico de lavado sin jabón que ayude a eliminar cualquier sustancia potencialmente irritante y enjuagar muy bien la zona. Esta limpieza debe realizarse siempre en un mismo sentido: de delante hacia atrás, para evitar infecciones genitourinarias. Por otra parte, los expertos no aconsejan el uso de toallitas húmedas por las grandes concentraciones de perfume que contienen. Salvo que no la contengan
El eritema solar constituye uno de los riesgos cuando el bebé está expuesto a las radiaciones solares. ¿Cómo se puede reconocer? A través de síntomas como el enrojecimiento e incluso pequeñas ampollas. Prevenirlo es tan sencillo como no exponerle a los rayos solares. No hay que olvidar lo enormemente frágil que es su piel.
Tanto la dermatitis como el eritema se resuelven de forma espontánea, aunque a veces requieren pomadas u otros tratamientos que sólo el especialista le indicará.Eccemas
Se distingue por el enrojecimiento de la piel, inflamación, grietas y picazon intenso que aparece en cualquier parte del cuerpo, muy habitual también en el cuero cabelludo. Suele ocurrir entre los tres días y las dos semanas de vida del recién nacido. Ellos no sienten dolor, sí algunas molestias originadas por las lesiones escamosas.
Como tratamiento, el médico indicará la fórmula más adecuada para aliviar al bebé. En unas dos semanas, el eccema desaparece. Mientras tanto, no olvide algunas recomendaciones: use prendas de tejidos suaves y transpirables (como el algodón) y evite la lana, que empeora la sensación de picor en la piel.
Sudamina o sarpullido
Debido a un exceso de sudoración, muchos bebés presentan una especie de sarpullido con granitos rojos y a veces blanquecinos, las popularmente conocidas 'ronchas'. Al parecer, están relacionadas con el calor; de hecho, la incidencia de la sudamina es más frecuente durante los meses de verano. Para evitarlo, los médicos aconsejan no abrigar demasiado a los niños y mantener una adecuada hidratación de su piel.
Fuente Piel Elmundo.es.com
Dra Patricia cerda.
Miembro Sociedad Iberoamericano de Dermatología
Director y editora Masalud